El suplemento para comprender el mundo digital

EL MUNDO - Jueves, 15 de noviembre de 2000 - Número 20
NAVEGANTES |
EL DEFENSOR
Bienvenido al planeta “banner”

Gonzalo Álvarez Marañón

DESDE que en 1994 debutaran los banners en las páginas de la prestigiosa revista norteamericana Wired, esos pequeños anuncios en forma de cartelitos ubicuos se han convertido en compañero de viaje inseparable de todo internauta. Y es que son pocos los sitios web que aún no han sucumbido a la necesidad de alquilar espacio publicitario para poder subsistir. Normalmente, las compañías que pagan por los banners persiguen tanto el atraer visitantes para que les compren, como reforzar su imagen de marca. Hoy en día, para ser cool hay que estar en Internet. Pero con tener páginas propias no basta, hay que aparecer también en las de los demás. Y qué mejor medio que el humilde banner, que después de varios años de críticas agoreras y muertes anunciadas, mantiene el tipo más ancho que largo, captando en España hasta un 80% de los ingresos de publicidad en la Red.

SIN EMBARGO, a los internautas nos hace poca o ninguna gracia el ver nuestra navegación ralentizada por culpa de los dichosos banners, puesto que hasta un 45% del volumen de datos es publicidad. Y no digamos ya, si navegamos mirando el reloj y a paso de tortuga. ¿A quién le gusta que le den 10 minutos de anuncios por cinco de película? Comienzan a popularizarse aplicaciones para filtrar los banners y llevar así el zapeo también a Internet. Bien es verdad que estos anuncios constituyen a menudo la única vía de financiación con que cuentan muchos sitios web, por lo que la utilización extendida de este tipo de filtros podría representar una amenaza para la economía de la Red y el crecimiento del incipiente comercio electrónico. Aunque no nos gusten, si los eliminamos del todo, podría desmoronarse el sistema tradicional que tienen los anunciantes de ofrecer sus productos en la populosa Red de redes.

NOS HA TOCADO navegar por una Internet que necesita del banner para sobrevivir, pero que al mismo tiempo se estrangula a sí misma por utilizar este soporte para la publicidad. A menudo, a muchos creadores no les queda más remedio que financiarse por esta vía para poder ofrecer sus contenidos gratuitamente. Se habla incluso de que el banner salte de las páginas web a los programas de software más convencionales para que sigan siendo freeware. Claro que, a río revuelto, ganancia de operadores: cobran a las empresas por anunciarse y a los internautas por esperar como pasmarotes delante de la pantalla. Lo que queremos es una Internet de genuina tarifa plana y velocidad de acceso digna, con ancho de banda suficiente para banners y todo lo que nos echen.

Gonzalo Álvarez Marañón es doctor ingeniero de Telecomunicaciones del CSIC. Edita la web www.iec.csic.es/criptonomicon


ARIADN@